Kanye West & Jay-Z – Watch The Throne
Publicado el 17 ago por Raul
Kanye West ya anunció hace unos meses que iba a por el trono del pop del que Michael Jackson se autoproclamó como rey. En un principio nadie le creía, pero hoy ya comenzamos a tener dudas de si un día ese trono imaginario puede tener un dueño criado en las rimas del rap. Junto a su amigo Jay-Z, nos deja ver ahora cómo es ese trono.
Por fuera no hay duda de que es deslumbrante, el diseño de la portada es nada menos que de la conocida marca de lujo Givenchy y las primeras imágenes que hemos visto del álbum corren a cargo del aclamado director Spike Jonze. Pero el interior no es menos es arrollador, colaboraciones de renombre, producción de ensueño y, sin embargo, tenemos la impresión de que pese a todo es un disco hecho entre risas, como si, en otra demostración de hasta qué punto van sobrados, nos soltaran en la cara que en solo medio año pueden hacer un disco de este nivel casi sin despeinarse.
Igual que Kanye hiciera en “Dark Fantasy”, canción con la que comenzaba el mastodóntico My Beautiful Dark Twisted Fantasy (y II), el inicio de este disco comienza con una ligera disertación sobre el concepto a desarrollar, y agárrense los machos porque vamos a hablar de la Santísima Trinidad, que al parecer ha cambiado sus componentes. Frank Ocean, artista fichado justo cuando entra en la cresta de la ola de la popularidad, como ya ocurriera con Nicki Minaj, nos introduce a “No Church In The Wild”. La idea es básicamente que Dios no puede salvarte de la jungla que es la vida, independientemente de si eres creyente o no. Un inicio con mucha fuerza y una melodía con gancho. Jay-Z entra en escena para preguntarse si a Dios le llegan las plegarias de los rufianes como él y a qué tipo de personas ama Dios en realidad. Y como cree que la sociedad necesita de las letras incendiarias de Jay, pone a su colega Kanye y a él mismo al ladito de Dios, a compartir trono como uno solo. Muy humilde todo.
A partir de aquí tendremos para todos los gustos y sin seguir demasiado una línea argumental, lo contrario de lo que vimos en lo último de Kanye. Beyoncé se une a la fiesta dando muestras de su poderío en “Lift Off” un single cercano a sus hits de R&B, con una buena base y una producción en los coros tímida pero efectiva. En “Niggas In Paris” se nota que Jay le pega más de un repaso a Kanye rapeando, en esta, a ratos frenética, pero poco reseñable canción, con la ostentación como motivo principal una vez más. Lo más interesante es la referencia a la hilarante escena de Patinazo a la Gloria (‘Blades of Glory‘, 2007) que forma parte del interludio. No es la primera vez que Kanye alude a Will Ferrel, pues es un apasionado de su trabajo. También bastante divertida es “Gotta Have It”, con una base punzante.
“Otis” es una de esas genialidades que surgen de cuando en cuando, y de ahí que haya sido seleccionada como buque insignia del disco. El tema “Try A Little Tenderness” es modificado hasta quedar casi irreconocible y los juegos vocales de Otis Redding sirven como base, casi a modo de instrumento, para los fraseos de West y Jay. En “New Day”, Kanye recuerda, con la modificación de las voces, a alguno de sus míticos temas de los primeros discos, por los que alcanzó la popularidad. El sample que se repite a lo largo de la canción es una modificación de la famosa “Feelin’ Good” que, unido a la sección de viento, dota de épica a la canción, y una vez más Jay-Z vuelve a estar sensacional aquí. “That’s My Bitch” se pega como una lapa, el estribillo funciona genial con la voz de Elly Jackson (La Roux) y tenemos también a un irreconocible Justin Vernon cantando un poco de soul por ahí. Y aquí Kanye le da un repaso a Jay-Z, pues las letras son más interesantes (casi proféticas) y rapea mejor a gran velocidad.
Pero cuando creíamos que este iba a ser un disco casi de cachondeo, llega “Welcome To The Jungle” y el disco se torna oscuro. Jay-Z, que en muy pocas ocasiones se ha definido en sus letras como angustiado, suelta un “estoy jodidamente deprimido” en la canción más sentida del álbum, en la que relata sus excesos con las drogas cuando no encuentra consuelo. Kanye, también se identifica con las letras, y en su pequeña intervención parece aludir a una frase de “Dark Fantasy” en su anterior disco: “El plan era beber hasta que se fuera la pena. Pero, ¿Qué es peor? ¿La pena o la resaca?”. En “Who Gon Stop Me” rayan el ridículo haciendo una referencia al holocausto en las letras y la canción no es gran cosa. Una pena, porque empaña el resultado final.
Llegamos a la parte final del álbum con la excelente “Murder To Excellence”, con un coro infantil delicioso y puentes con rasgueos de guitarra. La canción va dedicada a Danroy Henry, jugador universitario de fútbol americano asesinado por un policía el año pasado a quien dieron una condecoración a mejor agente del año posteriormente. Una crítica al racismo aún imperante en los Estados Unidos, que todavía reza en titulares si un asesinato ha sido entre negros (“black-on-black murder”). “Made In America” es un homenaje hacia aquellos que combatieron el racismo. En ella, Frank Ocean, en una estrofa similar en contenido al gospel, alaba a Martin Luther King y tantos otros que lucharon por acabar con la discriminación racial. Tanto Kanye como Jay están muy inspirados en letras e interpretación, no así la base, que resulta algo pomposa y machacona. El disco cierra con “Why I Love You” que relata unas cuantas batallitas musicales, buen cierre aunque tampoco nada del otro mundo.
La edición “deluxe” contiene otras tres canciones: “Illest Motherfucker Alive”, con una buena base y un Kanye que se retuerce en el fraseo, “H.A.M.”, la primera canción de la que tuvimos noticia de este Watch The Throne (Rock A Fella Records, 2011) y “Primetime”, en la que Jay habla de marcas caras de las que nosotros, simples mortales, no hemos oído hablar en nuestra vida. En fin, otra demostración de los reyes actuales del hip hop, con temas sobresalientes y algo más inspirados de lo que en principio podíamos imaginar. Ahora les toca a ambos seguir manteniendo y mimando el trono porque, por ahora, se mira pero no se toca.
Raúl Pérez
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