En el artículo de hoy voy a hablar de un puñado de parias muy descontentos con el organigrama social, ideológico y musical de los EE.UU. de su época. ¿Su época? De nacimiento, los 60. De floración, los 70. El objetivo de este ensayo no es pues otro que realizar una suerte de reconstrucción arqueológica de lo que ocurrió en la escena musical angelina entre 1965 (fundación de The Doors; aunque casi sería más correcto comenzar desde su disolución) y 1980 (suicidio de Darby Crash, cantante de The Germs). Esa fue la muerte del espíritu punk de la costa oeste, pero tampoco importa mucho, porque cientos de sus hijos bastardos recorrían ya el mundo.
Los orígenes, como he dicho, tuvieron lugar durante los 60 del flower power, donde tenemos dos grandes exponentes del proto-punk estadounidense, uno en cada costa: The Velvet Underground, en Nueva York, un grupo callejero cuyo lirismo tendía a versar sobre el consumo de heroína que llevaba a Lou Reed a componer, en una suerte de círculo vicioso y The Doors, en L.A. (a Frank Zappa le dejaremos de lado por ser un personaje demasiado complejo y controvertido para formar parte de otra historia que no sea la suya propia), un grupo de canciones pop, pero cuyo frontman, Jim Morrison, fue el disparador de lo que se conocería como actitud punk. Fuera del escenario aseguraba estar a favor de toda clase de ideas antisistema o de probado sin sentido, mientras que dentro de él era un niño caprichoso que mandaba a tomar por culo al público a cada momento. En el 71 ya estaba muerto. Sobredosis.
Para ese momento las tendencias blancas habían recuperado el rock, expulsando de este el jazz y el soul, y aunándolo a su propia tradición de country, que era lo único que sonaba en las radios de la ciudad para entonces. El punk fue la respuesta necesaria a Hotel California sonando cada 10 minutos en la radio. El fin de un periodo de apacible conformismo musical.
Pero antes. Tiempos brillantes, al menos en lo literal.
La transición hasta la ruptura definitiva (e insalvable) la protagonizaron sin embargo los glitter-kids. El Bowie venido de otro planeta, Zolar-X, New York Dolls, Iggy & The Stooges. Hombres vestidos de mujer (o a veces solo de astronauta), purpurina, escarceos (y algo más) con la homosexualidad. El glam funcionaba como una alternativa a la música correcta, que era la que generaba dinero. El glam era rebelde, peligroso, divertido, emocionante,…y glamouroso. Era muchas cosas que la música oficial había dejado de ser (Richard Cromelin). Estas palabras casi justifican la inclusión del género en esta historia, pero el verdadero motivo es que fue una obra descartada de esa época la que llevó a los jóvenes a sus garajes para comenzar a montar bandas antes de tener siquiera instrumentos. Es de Raw Power, tercer disco de The Stooges, del disco que estoy hablando. Raw Power era glam, pero también era algo más; algo nuevo, algo violento, algo incendiario. Ahora, unas palabras de Ray Manzarek muy ilustrativas sobre el glam y su muerte: A mí el glam me parecía algo totalmente absurdo. Tíos maquillados, spandex, plumas sedosas, ojos pintados…La degeneración más absoluta, lo peor de lo peor. Todo aquello me resultaba de lo más desagradable, una idea completamente horrible. Cuando esta gran verdad se filtró al inconsciente colectivo el glam no sobrevivió. Los jóvenes vagaban por las calles sin saber que hacer, el sistema, tan opresivo y alienante como siempre (y eso sin Reagan, jajaja). En los 60 los movimientos hippies supusieron un choque frontal ideológico contra el sistema, pero la siguiente generación, aunque no sentía afinidad para con el orden establecido, tampoco lo hacía para con la generación anterior. Después del glitter, la nueva generación descubrió el Raw power y lo convirtió en su disco de cabecera (Chris Ashford).
Tras la muerte del glam la escena se había dividido. La mayoría de los jóvenes abogaban por la música disco que pinchaban en los clubs, pero al mismo tiempo se estaba gestando algo grande. Ya estamos en el 77, 76 como poco, Kim Fowley ha dado con una veta llamada The Runaways; un nuevo sonido. Para el 77 (finalmente sí), los jóvenes están empezando a montar bandas en California, a teñirse el pelo de colores, a montar fanzines para hablar de las bandas que nadie más habla. En el centro de todo, Paul Beahm y George Ruthenberg, o mejor dicho, Darby Crash y Pat Smear. Miembros fundadores de The Germs (el nombre hace referencia a “el germen de una idea”, dejando constancia de que estuvieron allí desde el principio). La figura de estos dos chicos es algo mítico ya. Sectarismo, una estética extrema, perfomances brutales sobre el escenario, promesas de condenación, desprecio por todo aquel mayor de 20, abuso de las drogas, y así ad nauseam. Contaban 17 años.
Este despertar ideológico (más que musical) estaba ocurriendo (me está costando mucho resistirme a asociar el punk con Marvel y sus hijos del átomo (mutantes)) a lo largo de toda California, y grupos como los Screamers, originarios de Seattle, se desplazaban hasta allí, núcleo americano del movimiento. Lo que hallo más fascinante de este movimiento es que al otro lado del Atlántico se estaba gestando algo muy parecido, siendo cada escena desconocida para la otra. Recuerda a esa lección de Biología de 2º de E.S.O. en la que te explicaban como unos monos empezaban a pinchar cacas en palos en una punta de África, y al tiempo los monos de la otra punta empezaban a hacer lo propio. El punk fue ese ‘click’ en el genoma, un arma oculta, la última línea de defensa del espíritu humano contra la alienación. Y también fue el pinchar cacas en palos de la historia de la música.
L.A. bullía, devolucionaba, surgieron X, casi un tributo al Rey Lagarto en clave punk rock, Black Randy, el poeta decadente, idealizando el lado oscuro y criminal del chapero y la cultura de las drogas, y muchos más. Y no es solo que estas bandas nunca salieran a la superficie durante el boom del punk de finales de los 70, es que hasta nuestros días apenas se ha rendido tributo a la escena más creativa de cuantas acontecieron durante esos turbulentos años.
Se creó una verdadera comunidad (artística y no) al nivel de aquella mítica Factoría warholiana. La escena la componían jóvenes que vivían en bloques de apartamentos de alquiler bajo, que tenían trabajos socialmente deplorados o directamente no los tenían, que atravesaban sus lóbulos con imperdibles, que tenían bandas o eran groupies de bandas o tenían algún fanzine para apoyar a las bandas; era una comunidad proletaria, la del DYI (do it yourself).
Para el 79 la escena había crecido tanto que comenzó a escindirse. Una parte del público se orientó hacie el rockabilly y otra hacia el hardcore. Antes de eso la escena había sido inclusiva porque agrupaba a todos los que no eran seguidores de Linda Ronstadt, Ted Nugent o los Eagles… (John Doe)
El hardcore, la segunda ola, era lo mismo. Otra vez lo mismo, pero más. Más rápido, más fuerte, más cabreado. The Cramps aceleraron el rockabilly, pero nada más, puesto que los rockabillys de los 50 ya eran bastante psicóticos (en palabras de la misma Poison Ivy). La llegada de los Cramps a L.A. nos hizo ver que una buena parte de la cultura estadounidense merecía ser destruida (Jeffrey Lee Pierce). Pero también, en el 79 apareció la heroína. Su impacto negativo fue evidente, sobre todo en los que palmaron (John Doe).
En 1980, apenas tres años después de los orígenes, el punk había llegado a todo el estado de California (gracias, Tony Alva), se había encargado de revivir el blues, de inflamar un nuevo aire a la root music, se había esparcido entre las diversas comunidades que poblaban L.A., y se acercaba a su fin (el de la primera ola, la carne de cañón, los olvidados de la historia).
1980, Darby Crash, miembro fundador de The Germs, se suicida pocos días después del concierto de reunión de la banda (y otros pocos más de su disolución; así funcionaban las cosas, aceleradas). Acomete el mayor acto de rebeldía antisistema posible. El punk quería resultar antagonístico con el concepto de uniformidad. Se rasgaban las ropas, se autolesionaban, se teñían el pelo. Se quitaban la vida.
Quentin Tarantino habla tan atropelladamente como cualquiera de sus personajes y recurre al léxico malsonante que aparece reproducido, palabra por palabra, en sus diálogos. El desarrollo de situaciones aparentemente intrascendentes que establecen curiosos puentes entre la realidad y la ficción se refleja en disertaciones como la de las hamburguesas de París de Pulp Fiction (1994). Puras referencias autobiográficas de un cineasta que, a pesar de la rigidez de su estructura dramática, introduce detalles de la vida cotidiana como desencadenantes narrativos. La cultura del noventera del videoclip de un antiguo dependiente de videoclub cuya dieta se resume en comida basura ha dado muchos frutos. Los primeros síntomas de tarantinitis aguda serán tratados en este artículo, pero no podemos asegurarles la cura.
El diálogo entre Jules y Vincent a propósito del masaje de pies de Mia superaba las ocho páginas de guión y fue rodado en una sola toma. “¿Por qué sentimos la necesidad de hablar de tonterías en lugar de estar cómodos?“. Tarantino satura sus cintas de diálogos y música. Ninguno de sus tres primeros largometrajes posee una banda sonora compuesta expresamente para ellos. El cineasta desconfía de los músicos de cine y prefiere seleccionar libremente piezas preexistentes que actúan en sus películas como creadoras de una atmósfera especial, redescubriéndolas y convirtiéndolas en himnos de una generación que se aleja de la de su fecha de grabación. ¿Postmodernismo o refrito?
A diferencia de Reservoir Dogs, donde solo oímos música de los setenta por necesidades de un guión que la justifica mediante una emisora de radio, la banda sonora de Pulp Fiction abarca un espectro cronológico del repertorio pop mucho más amplio: los cincuenta de Chuck Berry (“You Never Can Tell“) y Ricky Nelson (“Lonesome Town“), los sesenta de Dusty Springfield (“Son of a Preacher Man“) o los setenta a través de Kool and the Gang (“Jungle Boogie”) y Al Green (“Let’s Stay Together“).
Además de su efecto evocador, la eficacia dramática de estas canciones resulta indudable. Tras la escena inicial de la cafetería, aparecen los títulos de crédito con “Misirlou“, un hitazo de Dick Dale, el veterano guitarrista californiano que habría actuado como telonero de Lionel Richie y tendría a Jimi Hendrix entre los miembros de una de sus primeras bandas, años atrás. La melodía se interrumpe bruscamente y enlaza con la -más agresiva- “Jungle Boogie” de Kool and the Gang. Según le contó Tarantino a la revista Studio, la primera de estas piezas evoca la música de Ennio Morricone, y ya que las dos grandes influencias de Pulp Fiction son el spaghetti western y las Black Exploitation Movies (films negros de los setenta), “Jungle Boogie” capta el espíritu de todo esto. Los créditos le introducen rápidamente al espectador el tono del film, y el encadenamiento de estos dos temas con esa brusca transición parece un cambio de frecuencia en una radio.
Para la secuencia en la que Mia regresa a casa con Vincent, Tarantino pensó inicialmente en los Collin Kids o K.D. Lang, pero se decantó por “You’ll Be A Woman Soon”, un tema de Neil Diamond en una versión interpretada por Urge Overkill. También pretendió ilustrar la escena de la sodomización de Butch y Wallace con el “My Sharona” de The Knack (1979), pero no consiguió los derechos debido a los reparos religiosos del grupo, aunque más tarde reapareciera en la banda sonora de Reality Bites (1994), el manifiesto de la Generación X dirigido por Ben Stiller y producido, también, por Jersey Films. Finalmente, Tarantino la sustituyó por “Comanche” de los Revels.
Desde entonces, piezas como esta o el inolvidable twist “You Never Can Tell” que bailaban Thurman y Travolta en el restaurante, permanecerán indisociablemente asociadas a estas imágenes que se apropiaron de la música y seguirán siendo evocadas cada vez que suena alguna de las canciones de esta banda sonora de la que, en abril de 1995, ya se habían vendido trescientas mil copias.
Celebramos días internacionales de cualquier cosa, pero de vez en cuando cae alguno interesante para nuestra industria, como el de hoy. El pasado 27 de abril se celebró un acto conmemorativo en la sede de la UNESCO en París, en el que participó como maestro de ceremonias el teclista Herbie Hancock. Este día tiene como objeto sensibilizar sobre las virtudes de este género que subyace en muchos de nuestros artistas actuales. Una declaración de intenciones que se celebra con varias acciones culturales dentro de este marco en Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, Gijón, Sevilla, A Coruña y Granada, entre otras. En Madrid se celebran varios conciertos en el ciclo de ‘Música en vivo’, en la que participan locales como Clamores, Costello Club, Soul Station, Zona Zero, BâBâ Bar, Cafe Cultural Auriense o A Fundación.
Nosotros lo celebramos con esta lista jazzera de Spotify formada por 200 temas. ¡Os invitamos a uniros!
A pesar de que la población negra de los Estados Unidos no fue liberada hasta 1865 de la esclavitud bajo la que la mayor parte de ésta estaba subyugada, o que su segregación de la población blanca del país durase hasta 100 años después, es su influencia una de las más significativas en la tradición musical del país y la que tuvo un mayor impacto fuera de sus fronteras.
Podemos remontarnos históricamente hasta el siglo XIX, donde se vio aparecer los Black Minstrels, sketches cómicos con elementos que aunaban danza y música y donde los afroamericanos eran presentados como seres de capacidad racional limitada pero buena disposición ante la vida. Posteriormente éstos adaptaron la tradición e incorporaron temas espirituales cristianos, pero nunca dejó de ser una tradición fruto del escarnio que de ellos se hacía. Además, en los primeros años del siglo XX, en algún punto del Sur, contemplamos el nacimiento del blues: estrofas de rima ABB con una longitud en sus frases de cinco sílabas acentuadas, de probable evolución desde los field hollers (lamentos del campo). Éstos son el origen y el supuesto mayor hito de la historia de la música afroamericana. Pero.
Mi interés por el surgimiento de esta cultura viene dado por la situación en la que se produjo y la importancia que tuvo tanto a nivel social como cultural. Sus orígenes se remontan a un South Bronx pauperizado, abandonado por los blancos de clase media que huían atraídos por las casas de Robert Moses, principal culpable de la ruina del barrio. Como resultado del éxodo masivo, el barrio perdió su valor y para finales de los sesenta estaba ocupado casi íntegramente por personas de raza negra. Los blancos restantes, quienes no pudieron o no quisieron abandonar el barrio, se organizaron en bandas, para tratar de enfrentarse al cambio y conservar lo que aún sentían como propio. Por estas violentas pandillas, los negros tuvieron que organizarse de la misma manera, como método de autodefensa, principalmente; pero haciendo que el barrio se sumiese en una espiral decadente que lo convirtió en una zona poca segura.
Por otra parte los caseros, viendo que sus propiedades perdían su valor, optaron por contratar a yonquis para que prendieran fuego a los edificios, y así poder cobrar los seguros de éstos. Además, el alcalde, culpando a los propios ocupantes de los edificios de ser quienes estaban haciéndolos arder, empezó recortar en servicios públicos, cerrando multitud de puestos de bomberos e incluso escuelas.
Lo que tenemos es un barrio invadido por la heroína, donde las viviendas carecen apenas de valor y sus ocupantes de dinero, donde se provocaron hasta cuarenta incendios en un lapso de tres horas, donde el paro juvenil alcanzaba el 60%, donde abundaban las pandillas violentas, donde la gente no quería abrir nuevos negocios y donde los cortes de luz y de agua eran habituales. El blues surgió del trabajo duro, el hip hop del no trabajo (Jeff Chang). Era el coste del (más que) relativo desarrollo de la ciudad, un ghetto, una parte de la ciudad abandonada totalmente a su suerte, donde sin embargo para mediados de los 70 no vivía ningún blanco.
Ahora, la música. Los 60 de la revolución negra pertenecieron a Malcom X, a Martin Luther King, Jr. o a James Brown (Say It Loud (I’m Black and Proud)), pero para cuando llegó el 77 estas voces ya habían desaparecido (sofocados por una bala o simplemente pasados de moda), pero surgían otras. En el 71 Gil Scott-Heron haciéndose eco de esas voces y en clave poética presentó una verdadera propuesta de
música por el cambio (The Revolution Will Not Be Televised), cuyas raíces halla enredadas en las diferentes tradiciones de música negra popularizas hasta el momento (blues, soul, jazz), y que al mismo tiempo sentaría las bases para lo que posteriormente sería llamado hip hop.
Si continuamos desligando la madeja tenemos que remontarnos hasta la aparición de los sound system en el Kingston de los 50, llevada al Bronx tras la independencia de Jamaica en 1962. Es decir, que el hip hop fue fruto no de uno si no de dos ambientes de opresión y segregación. Los sound system eran grupos de DJ’s o técnicos de sonido, con potentes equipos que solían pinchar en la calle o en casas; estas fiestas solían ser muy baratas o gratis, lo que las popularizó en seguida. Lo que culminó la dispersión de un género que se gestó casi por inercia fueron Afrika Bambaataa y su Universal Zulu Nation. Bajo su precepto Peace, Love, Unity and Having Fun fundó una agrupación organizada al estilo de las bandas, que daba la misma seguridad a sus miembros, pero que alentaba la creatividad en detrimento de la violencia. Fueron los Zulus los que finalmente lograron llevar a las bandas del Bronx a la paz, y como organizadores de actividades musicales para la juventud, fueron el disparador del hip hop. A esto ayudó también la explosión del graffiti (que desde sus orígenes quedó ligado al hip hop), sumiendo ambas cosas al barrio en una etapa donde los aerógrafos sustituyeron a las pistolas, el valor de cada uno empezó a medirse en patrones de estilo y los duelos se resolvían en la pista de baile.
Apenas dos años después las fiestas de los sound systems habían perdido popularidad, mientras que un nuevo estilo, donde jóvenes MC’s rimaban sobre discos ajenos iba ganando fuerza. Esto dejó de lado a parte de los DJ’s originarios como Grandmaster Flash o Kool Herc, quienes veían que los clubes, que habían adaptado y transformado su propuesta para un público ya mayor de edad y que consideraba el tema de los sound systems como algo ligado a su adolescencia, y por tanto a dejar atrás. Se conjugó con esta situación la decadencia de la era disco y el agotamiento creativo de unas discográficas que hallaron en unos raperos amateurs que se hicieron llamar Sugarhill Gang la nueva forma del éxito. Un sonido fresco de rimas pegadizas ante el que también se podía bailar, puesto que las bases provenían de un DJ. De la noche a la mañana muchos sellos quisieron una parte del pastel y empezaron a firmar con artistas del mismo corte. El problema es que con la entrada del dinero en escena, el hip hop empezó a convertirse en un producto. Sugarhill Gang había convertido el hip hop en música popular, pero con la sobreproducción de los estudios el hip hop pronto fue absorbido por el pop y las radiofórmulas. Pop artists made art out of pop culture. These tough kids are reversing the process, making pop culture out of art (Kim Levin).
Llegados a este punto, dos décadas después de que el barrio fuera abandonado a lo más bajo de la sociedad americana, el producto de esta se trasladó hasta los barrios en que los antiguos habitantes del Bronx se habían trasladado, contagiando a sus hijos, que fueron de gran importancia a la hora de extender la cultura hip hop y traerla hasta donde está ahora. Era radical, era juvenil, y todos querían estar en la cresta de la ola, independientemente de su color o su raza. El sueño de Afrika Bambaataa de unión global, hermandad y liberación empezaba a verse cumplido.
De golpe, además, una generación de nuevos artistas se vieron encandilados por este entorno que se había gestado. La cultura del graffiti eclosionó entre una serie de artistas blancos, dando pie al street art. I once read somewhere that for a culture to really be a complete culture, it should have a music, a dance and a visual art. And then I realized, wow, all these things are going on. You got the graffiti happening over here, you got the breakdancing, and you got the DJ and Mcing thing (Afrika Bambaataa).
Esto dio comienzo a un proceso de gentrificación iniciado desde el Village, barrio artístico y bohemio por excelencia de la ciudad de Nueva York, cuyos pobladores comenzaron a mudarse al Bronx. A partir de aquí el proceso se acelera, y lo mismo tengo que hacer yo.
El graffiti llega a las galerías y las universidades, el hip hop copa los clubs del downtown, Malcom McLaren se intenta hacer un hueco, Warhol se intenta hacer un hueco, Afrika Bambaataa escribe un nuevo manifiesto que empieza con estas palabras: No matter how hard you try, you can’t stop us now; se hacen películas de Hollywood sobre lo que está ocurriendo (Beat Street), y la vieja escuela va quedando atrás ante la aparición de bandas como Run DMC o una banda de hardcore punk neoyorquino formada por blancos que se pasaron al hip hop y se llamaban Beastie Boys, quienes firmaron por Columbia un contrato de un millón de dólares en lo que supone el primer acercamiento del rap a una major (grandes discográficas) y la explosión definitiva de éste. At this time hip hop was not just a ‘Fuck you’ to White society, it was a ‘Fuck you’ to the previous Black Generation as well (Bill Stephney).
Entre el 84 y el 92 se iniciaría la nueva era del hip hop, con el rap a la cabeza. La situación social más problemática dejó de ser la segregación para dejar paso a la lucha negra contra el racismo y la falta de derechos civiles, enmarcada en otra década de manifestaciones contra el poder de un Reagan opresor y coercitivo. Así las cosas, el hip hop pasó a ser considerado un símbolo de resistencia y orgullo negro; una vuelta a las raíces. Ahora tenían que luchar su guerra en la radio, en la prensa o en el cine independiente (Spike Lee, She’s Gotta Have it, School Daze) y gracias a Public Enemy y sus letras inflamadas y cargadas de contenido político, quienes lograron vender más de un millón de copias de su segundo disco en menos de dos meses, lo consiguieron, abriendo paso a una ola de tal magnitud que la resaca no la ha retirado todavía.
He intentado plasmar solo una parte de la historia, seguir el hilo conductor que la ciudad de Nueva York supone, ceñirme a los grandes exponentes. No tengo espacio para presentar la otra cara de la moneda, más tardía y más violenta, que aconteció en Los Ángeles. Tampoco para exponer como quisiera el modo en el que se ha ido invirtiendo la polaridad, sobre como aquellos desarraigados que fueron poco menos que hacinados en los projects proliferaron hasta alcanzar un estatus social único. No han invadido las fronteras ajenas como tanto se temió sino construido su propio hueco en una sociedad que nunca les quiso, pero que no podría pagar su aportación al mundo de la música:
In this white man’s world, we the ones chosen
So goodnight, cruel world, I see you in the mornin’
Aeroplane: tras la marcha de Stephen Passano, Vito di Luca decidió seguir con Aeroplane, un proyecto formado en 2003 y que pese a tener un álbum publicado en 2010, su principal cualidad han sido los remixes. Si necesitáis bailar su nu-disco no decepcionará.
Afrocubism: Eliades Ochoa y Toumani Diabate son dos tipos totalmente opuestos en lo musical. Mientras el cubano le daba a la guajira y al son cubano, Diabate apostaba por la música popular africana con la que consiguió conquistar al público internacional con obras como The Mande Variations. Pues bien, los dos músicos se unieron para crear un colectivo que mezclaba a músicos de diferentes continentes y que publicaron un álbum homónimo en 2010 donde el merengue se abrazaba a los ritmos africanos ofreciendo grandes resultados. Sin duda una de las propuestas más diferentes del festival.
AraabMUZIK: Abraham Orellana es el nombre propio que está detrás de AraabMUZIK. El productor de hip-hop estadounidense es un rey de sample y su música bebe de tantas fuentes que es difícil de clasificar. Un seguro para la pista de baile el viernes.
Beach Beach: durante los últimos años la escena catalana se esta convirtiendo en una de las que más propuestas ofrece en nuestro país y este es el caso de este trío que con Tasteless Peace ha conseguido lanzar un buen debut en que el power pop de reminiscencias
ochenteras es su marca de identidad.
Benga (Live): uno de los máximo representantes de la vertiente más “juvenil” del dubstep británico. Tanto en solitario, como con Magnetic Man (dúo con Skream), Benga ha conseguido extender la electrónica de bajos desde las islas hacia el resto del mundo.
Big Star’s Third: dos años después de la muerte de Alex Chilton, Jody Stephens que fuese batería originario de la banda movió sus hilos para homenajear a uno de los grupos que mejores discos sacase en los setenta, Big Star. En ese pequeño homenaje que se brindará se encontrarán Mike Mills (R.E.M), Chris Stamey (The dB’s), Ken Stringfellow (The Posies), el productor Mitch Easter y los cantantes Normal Blake (Teenage Fanclub), Ira Kaplan (Yo La Tengo) y Alexis Taylor (Hot Chip).
Bigott: los zaragozanos Bigott están en una forma genial, y en los últimos tres años han conseguido meter tres discos entre lo mejor del año dentro del panorama nacional. Además, tienen una gran capacidad para adaptar sus canciones al directo, algo que ya han demostrado durante las diversas giras que les han llevado hasta tocar en EEUU.
I Break Horses: el dúo de Suecia, que practica un indie pop con toques de shoegaze, fue uno de los debutantes de más éxito el año pasado. Sus canciones, hipnóticas y ensoñadoras, nos harán trasladarnos a lugares lejanos sin ni siquiera salir del Fórum.
Chavez: a mediados de los noventa desde New York, Chavez lanzaron dos compactos en los que el post-hardcore y el math rock alocado hicieron de ellos una de esas bandas a las que se debería tener en cuenta en años venideros, pero lo cierto es que tras perderse en diferentes proyectos, como el maravilloso Superwolk que Matt Sweeney publicase de la mano de un grande como es Bonnie ”Prince” Billy o la fallida unión de Sweeney al tito Corgan para crear aquel grupo que muchos preferimos olvidar llamado Zwan.
Christina Rosenvinge: más de dos décadas lleva ya Christina Rosenvinge ofreciendo su música, pero pese a que con sus discos en inglés conseguía ofrecer buenos momentos, no ha sido hasta su paso a la lengua de Cervantes cuando ha conseguido seducir a muchos de nosotros con su calidez vocal y su mezcla de pop y piezas de un aire en clave de cantautor.
Codeine: si en los noventa hubo tres grupos que fueron un referente dentro del movimiento slowcore, esos fueron Low, Red House Painters y Codeine. Estos últimos fueron los que menos discos sacaron, tan solo dos antes de su disolución. Pese a ello siempre han sido recordados y su reencuentro se produce tras dieciocho años desde que cada cual tomase su camino. Sin duda otro de los reencuentros que más expectativas levantará.
Cuchillo: cuatro años han pasado desde que este trío barcelonés lanzase su debut y dos desde que viese la luz su EP. Su música se mueve entre el folk y el rock de breves pinceladas psicodélicas y un servidor tras verles hace un par de años en Valladolid, puede confirmar que realizar una buena propuesta en vivo.
Death Grips: Zach Hill es uno de los mejores baterías que existen en la actualidad. Inmerso en proyectos como Wavves, Bygones, Hella o sus diversos lanzamientos en solitario, ha sido junto al MC Ride y el resto de sus compañeros de formación, con los que ha conseguido obtener sus mejores resultados. Con una propuesta que se mueve entre el harcdore hip hop más radicalizado y el glitch, es una de las propuestas más interesantes que han surgido en los últimos años y que en directo asegurarán emociones fuertes.
Death in Vegas: pese a que en los últimos años se encuentren de capa caída y salvo The Contino Sessions nunca llegasen a publicar algo que llegara hasta ese nivel, el grupo británico mezcla con atino la psicodelia con el rock, trip hop y hasta pop, intercambiando momentos de plena oscuridad con otros más vigorosos.
Dirty Beaches: Alex Zhang Hungtai es un tailandés residente en Vancouver que el año pasado dio el gran salto con su música gracias Badlands, una obra en la que mezcla el noise, la psicodelia, el garage, el post-punk y lo más llamativo de todo, un psychobilly que le hizo convertirse en la reencarnación de Elvis pero en versión asiática.
Dirty Three: siete años tardaron los australianos Dirty Three en dar salida a Toward the Low Sun, su último LP lanzado hace unos meses y en la que siguen post-rockera más clásica, dejando algo de lado su versión más folkie. Esperemos que en su actuación recuperen piezas de sus dos mejores entregas, Horse Stories y Ocean Songs.
Fasenuova: desde Mieres llegan Fasenuova, un dúo formado por Roberto Lobo y Ernesto Avellano que mezcla el punk industria más rabioso con electrónica áicda.
Girls: dos discos y un EP han sido suficientes para que Cristopher Owens y los suyos se conviertan en una de las bandas referentes en los últimos años gracias a la mezcla de pop añejo con shoegaze, noise rock y canciones que podrían haber sonado en cualquier jukebox en los cincuenta.
Harvey Milk: llegados desde Athens, este cuarteto es otra de las propuestas metaleras que nos dejará el festival. En su música lo que predomina son los ambientes pesados y densos que crean climas apagados y lúgubre.
Jeff Mangum: antes de desaparecer del mundo a finales de los noventa Mangum formó parte de un grupo del que era el vocalista llamado Neutral MIlk Hotel con el que lanzó dos trabajos; On Avery Island y una auténtica obra de arte que ya es historia musical, el grandioso In the Aeroplane Over the Sea. Tras ello la nada. Neutral Milk Hotel dijeron adiós y durante casi una década las actuaciones de su cantante fueron contadas con los dedos de una mano, por lo que ver sus dos actuaciones en el Auditori puede ser una experiencia única.
Laura Marling: con sólo 22 años, la cantautora inglesa ha conseguido cautivarnos con sus composiciones, que van desde el folk más intimista al pop más juguetón. Concierto para ver mientras desaparecen los últimos rayos de sol.
Liturgy: con dos elepés en la calle, este cuarteto de Brooklyn se muestra como una de las formaciones nuevas más interesantes al mezclar el black metal más decadente, con brotes industriales apocálipticos y noise rock arrollador. Sin duda su actuación cuanto menos podría ser vibrante.
Lowen Dens: Con Twin-Hand Movement este cuarteto estadounidense consiguió hacer que los amantes del pop ensoñadores y el shoegaze se enamorsen de su música, pero con Nootropics se han quedado algo encasillados solo en el dream pop y no han conseguido recoger lo sembrado con su ópera prima.
M83: Pese a que el gran éxito le llegase el pasado año de la mano de ”Minight City” y de su fántastico Hurry Up, We’re Dreaming, el francés Anthony Gonzalez llevaba más de diez años publicando un sinfín de obras en las que en ningún momento decepcionaba. Parajes ambientales, voladores, ruidosos, electrónicos…todo cabe en una pelta de colores que parece inacabable y sin duda será una de las actuaciones más bailadas de esta edición del PS.
Main: estos dos británicos durante buena parte de los noventa y la década pasada se dedicaron a explorar la música ambiental y experimental siempre llevando por delante la bandera del drone. Tras su disolución en 2006 vuelven para afrontar nuevas actuaciones y deleitarnos con su crudeza experimental.
Marianne Faithfull: los 65 años que lleva a sus espaldas esta británica no parecen nada, ya que pese a sufrir un pequeño parón en su carrera a principios de los noventa, siempre ha seguido publicando nuevo material cada dos o tres años. Su mejor momento llegaría a final es de los setenta con Broken English, un álbum en el que el new wave y el post-punk se unían a su clásico sonido pop siendo el que sin duda es su obra magna.
Matías Aguayo: Ricardo Villalobos o Dandy Jack son algunos de los chilenos que han conseguido triunfar dentro de la escena de la música electrónica alemana. A estos nombres se les suma el de Matías Aguayo que además de poner voz a ”Ce Cream” de Battles, también es conocido por su buenhacer a la hora de mezclar el techno y el house.
Mayhem: si hace unos días hablamos de Void ov Voices, ahora es la hora de hacerlo de su mítico grupo, los blackmetaleros Mayhem que gracias a De Mysteriis Dom Sathanas consiguieron firmar uno de las mejores aventuras de su género y que será uno de los momentos esperados por los melenudos que poblarán este año el festival.
Melvins: treinta años llevan juntos Buzz Osborne y el resto de su compañero moviendo sus melenas al ritmo de todo tipo de variantes del rock y el metal y pese a que en el último lustro no consiguiesen encontrar el buen punto a su música, tienen suficientes discos notables como para ofrecer un gran show para sus seguidores.
Milk Music: a la espera de que se publique su ópera prima de la que aún no se tienen demasiadas noticias. Lo poco que sabemos de este dúo de Washington es que hace un par de temporadas publicaron un buen EP en el que recordaban bastante en sonido a Japandroids.
Napalm Death: sin tener nunca obra que resaltase sobre las demás, lo que más llama la atención de este longevo grupo es la regularidad que han ido plasmando disco a disco durante las más de tres décadas que llevan realizando punk y metal.
Obits: si por algo es conocida esta agrupación es por ser la nueva propuesta de Rick Froberg (Drive Like Jehu / Hot Snake). En ella apuestan por una mezcla de garage rock y punk quiebra cinturas que no dejará indiferente a nadie.
Orthodox: aunque no alcanzasen con sus últimos intentos los grandes resultados que obtuvieron con sus dos primeras publicaciones, este trío sevillano es en la actualidad la banda de metal más importante que se puede encontrar dentro de nuestras fronteras y herederos perfectos de la música que realizaban Sleep en los noventa.
Other Lives: la formación americana, que antes se dedicaba al post-rock, ha evolucionado en su sonido, consiguiendo aunar a la perfección el indie-rock y el folk con toques preciosistas. No obstante, las atmósferas que envuelven a sus canciones, son una clara reminiscencia de su anterior sonido, que se ha adaptado a la nueva forma de entender su música.
Rebolledo: compañero de fátigas de Aguayo en un split, Después de varios EP’s, el año pasado llegó Super Vato, el debut del mexicano Mauricio Rebolledo en la que su apuesta va encauzada por la corriente del techno y el house.
SBTRKT: otra de las sensaciones de la electrónica británica. El productor Aaron Jerome se enfunda su máscara tribal para disparar ritmos que van desde el house hasta el dubstep más delicado, pasando por el UK garage o el 2step. Ha remezclado a multitud de artistas, y el año pasado triunfó con su disco homónimo.
Rufus Wainwright: con sus tres primeros discos este estadounidense consiguió conquistarnos gracias a su pop barroco y a la buena voz que atesora y pese a que en sus últimas propuestas no consiguiese ofrecer una fórmula con la que poder acercarse a sus mejores momentos dispone de piezas lo suficientemente buenas como para brindar un gran recital.
Siskiyou: entre tanto ruido con el que nos encontraremos durante las cinco jornadas del festival, también habrá cabida para dosis de folk clásico. En este caso se trata de Siskiypu, un cuarteto canadiense que nos ofrecerá la calidez musical que encontramos en su sonido.
Sleigh Bells: dos años después del gran Treats, la pareja formada por Alexis Krauss y Darek Miller volvieron a la carga hace unos meses con Reign of Terror, un trabajo más calmado y menos variado que su predecesor y en el que el noise pop se muestra como claro estandarte de sus canciones. Las piezas de su última referencia unidas a las de su ópera prima dejarán una buena ristra de hits en el camino.
The Chameleons: Script of the Bridge, What Does Anything Mean? Basicall y Strange Times son tres de los grandes discos que cualquiera melómano que se quiera adentrar por los senderos del post-punk debería escuchar. La banda encabezada por Mark Burguess se reune nueve años después de su separación para ofrecer un evento que se prevé difícil de repetir en el futuro.
The Cure: estos no necesitan carta de presentación. Robert Smith y los suyos vuelven a la carretera para embarcarse en una gira en la que dejan las caras B en casa, y realizan un set de dos horas y medias con los éxitos más significativos de sus casi treinta años de carrera. Una gran oportunidad para que los jóvenes puedan ver un concierto de greatest hits de un grupo mítico, y para que los más mayores puedan rememorar otros tiempos.
The Drums: hace ahora tres años estabamos bailando desenfrenadamente ”Let’s Go Surffing”, esa canción que en su último bolo en Madrid se dejaron en casa por no sentirse identificada con ella. Y es que tres años después de eso, el grupo comandado por Jonathan Pierce dice haber evolucionado, pero quizás su único cambio sea acercarse algo más a unos ambientes más oscuros que los soleados estribillos que ocupaban en sus debut.
The Men: el año pasado estos chicos llegados desde Brooklyn consiguieron dar un golpe de autoridad con Leave Home en el que la fuerza del hardcore y el garage punk se mezclaba con un noise rock salvaje pero bien pulido que daba como resultado una de las propuestas más vibrantes de la campaña pasada. Transcurrido un año de eso y pasado tan solo un mes nos hemos encontrado con Open Your Heart, en el que siguen mostrando su fiereza pero abarcan caminos más psicodélicos y de un aroma impregnado en los noventa.
The Rapture: ”In the Grace of Your Love” fue el pelotazo con el trío estadounidense volvió tras cinco años de espera y pese a que su regreso no fuese tan homogeneo como en un primer momento se esperaba, la mezcla de temas de sus anteriores publicaciones y las de su último referencia harán pasar grandes momentos a los amantes de la música de baile.
The War on Drugs: tras realizar un buen debut en 2008, el año pasado The War on Drugs consiguieron con Slave Ambient la mezcla perfecta entre shoegaze, folk rock y neo-psicodelia, creando un compacto tremendamente solido y en el que ninguna de sus pistas tenía desperdicio.
Trash Talk: ¿Queréis poguear…? Hemos dicho…¿queréis poguear!!!? Pues estos californianos son el grupo indicado para meter el codo a todo ese amigo de vuestr@ novi@ que no podéis aguantar y al que le sacaríais los ojos sin dudar un instante.
Wavves: para este año esta previsto que el bueno de Nathan Williams vuelva con su proyecto tras el fallido EP que lanzase el año pasado. Tras varios trabajos en los que el garage punk y el garage rock eran bañados por el lo-fi, en 2010 llegó King of the Beach, un álbum en el que el pop punk, el noise y el surf te hacían viajar mentalmente hasta cualquier playa de su California natal.
Si ayer comenzábamos a destripar la primera jornada del Primavera Sound, hoy empezamos con la primera jornada extensa de esta edición. El jueves pasarán por los diferentes escenarios del festival más de cuarenta artistas, por lo que será difícil poder elegir entre todos. Nosotros os ayudamos haciendo un pequeño análisis de cada uno de ellos a continuación.
A Storm of Light
Formados hace cinco años en Brooklyn, A Storm of Light es una banda con dos solventes trabajos publicados que se mueven en la onda atmospheric slugde metalera de agrupaciones como Russian Circles o Isis, aunque no se encierran únicamente en ese estilo sino que también incluyen en su música una orriente post-rockera y doometalera que podría recordar a Jesu.
A$AP Rocky
El año pasado si hubo un nombre que se consiguió imponer como una de las revelaciones de la industria hiphopera ese fue el de Rakim Mayers. Con Clams Casino a la producción de buena parte de sus temas, LiveLoveA$AP, un disco aclamado por crítica y público con el que consiguió situarse como uno de los trabajos más destacables de ese género surgido en los últimos años llamado cloud rap y del que su productor es su mayor exponente. Además de sus virtudes ”ensoñadoras”, también destaca por la lentitud y el reposo de su lírica, haciendo que se muestre como una de las mayores esperanzas del género.
Archers of Loaf
Tras más de una década desde su separación, Eric Bachmann ha hecho un parón con Crooked Fingers, su actual banda, para devolver a la actualidad a una de las formaciones que más alegrías dieron a los amantes del lo-fi, el hardcore y la suciedad en los noventa, Archers of Loaf, a quienes se comparó en su momento con bandas como Polvo, Superchunk o Pavement. Discos como Icky Mettle o Vee Vee, en los que la crudeza tanto instrumental como lírica era una de sus mayores virtudes. Su último disco data del año 2000, así que podemos esperar un concierto que repase los mejores momentos de su discografía. Una oportunidad perfecta para los que no pudieron disfrutar de su directo hace unos años.
Baxter Dury
En el año 2000 fallecía Ian Dury, uno de esos tipos que será recordado por surgir del moviento del 77 con el maravilloso New Boots and Panties!! Pues bien, pocos años después de la muerte de su hijo comenzó a lanzar trabajos que se movían entre el indie rock y el indie pop, aunque nunca ha terminado de lanzar algo realmente interesante fuera de su buen debut en el 2002.
Beirut
En 2006 y 2007 Zach Condon se situó como uno de los grandes nombres de la música independiente gracias a dos obras en las que la calidad instrumental de cada uno de sus temas consiguió enamorarnos a muchos de nosotros. Moviéndose entre el folk, el pop, los sonidos balcánicos, fanfarrias, el klezmer y diversos géneros más, su música ha conseguido conquistar los corazones de un amplio espectro de oyentes. Condon y el resto de miembros de Beirut son músicos de esos que se ponen el listón muy alto y que no se pueden etiquetar por mucho que lo intentemos. Alejados de la irregularidad que a veces muestra su directo, la banda se encuentra actualmente en plena forma, por lo que podemos esperar lo mejor de ellos.
Bleached
Pese a ni siquiera haber lanzado su debut todavía, las hermanas Clavin con su proyecto fuera de Miko Miko, son una de las ofertas garage rockeras y sucias que encontraremos en el festival. Con tan solo tres singles publicados, la organización del PS se ha fijado en su propuesta gracias a piezas como “Carter” o “Searching Through The Past”.
Bombino
Para hablar de Bombino inevitablemente debemos hablar de Tinariwen, ya que la música que realizan se asemeja mucho. Procedente de Niger, ofrecen una propuesta psicodélica basada en la música que realizan los touareg y que al igual que ocurriese hace unos años con Omar Souleyman, acerca al festival propuestas totalmente diferentes a las de la mayoría del cartel.
Danny Brown
Gracias a XXX el MC de Detroit se ha forjado un nombre entre los nuevos MC’s que han surgido en los últimos tiempos desde Estados Unidos. Con una mezcla de hardcore hip hop y la suavidad y pesada cadencia del chopped and screwed. Pese a que se encuentra en una segunda línea dentro del grupo de novatos, su propuesta también puede resultar interesante en vivo.
Death Cab for Cutie
Pese a que en sus últimos discos el grupo comandado por Ben Gibbard no supiese responder a las expectativas que habían creado sus anteriores lanzamientos, DCFC son por méritos propios uno de los colectivos musicales más importantes de los últimos quince años gracias a su buen hacer para las letras y las melodías como así lo demostraron con The Photo Album y Transatlanticism, dos de los discos más destacados de la pasada década y, sin duda, los mejores en su discografía. En este concierto presentarán Codes and Keys, disco publicado en 2011, el octavo de su carrera. Una de las bandas más solicitadas por los asistentes al festival, y también de las más caras de ver por nuestro país.
Doble Pletina
Ese es el proyecto que formaron Laura Antolín y Marc Ribera, pertenecientes a la formación Abrevadero, hace un par de años y que, a base de singles y tras la publicación de Para Qué Negarlo, Si Se Puede Demostrar son una de las esperanzas de la música nacional gracias a piezas como ”Música Para Cerrar las Discotecas”, que acerca el pop ochentero más clásico nacional a la actualidad.
Dominant Legs
Aunque con Young at Love and Life (el EP con el que se dieron a conocer) consiguieron buena aceptación por parte de público y crítica, la realidad es que este dúo californiano no consiguió con su debut largo los méritos necesarios para ser uno de los destacables de la pasada campaña. Pop soleado para pasar un rato entretenido por la tarde.
Erol Alkan
Productor de gente como The Long Blondes, Klaxons, Mystery Jets o Late of the Pier también es conocido por su faceta como DJ, realizando buenos remixes, y es bastante conocido en el mundo del nu disco, aunque también tiene ramalazos de una vertiente más techno.
Field Music
Pese al buen disco homónimo con el que debutaron, la banda de Sunderland poco a poco fue perdiendo chispa hasta llegar a Plumb, su última aventura en la que no consiguen acertar con su mezcla de art pop y una vertiente más progresiva.
Franz Ferdinand
Más de tres años han pasado desde que Alex Kapranos y compañía lanzasen su última obra. Desde entonces son pocas las noticias que llegan de la banda, a pesar de que su cuarto disco se esperaba para principios de este año, y también hace una buena temporada que no se pasan por nuestro país, por lo que será una buena opción para ver si siguen apostando por su propuesta indierockera de corte post-punk o si se acercan al synth pop como ya hiciesen en el que hasta el momento es su último LP, Tonight: Franz Ferdinand. En cualquier caso, los escoceses son una apuesta segura en el directo y a buen seguro disiparán cualquier duda sobre si encajan con la filosofía del festival, dada su profesionalidad y buen hacer en los escenarios.
Friends
Un par de singles han sido suficientes para que Friends se conviertan en la nueva esperanza llegada desde Brooklyn (y van tropecientas). En su música el funk y el nu disco de aires ochenteros se mezclan a la perfección con el pop más refrescante haciendo que su debut Manifest!, se convierta en uno de los más esperados del 2012.
Grimes
Claire Boucher, tras la publicación de dos discos que pasaron más bien inadvertidos, ha conseguido gracias a Visions situarse como una de las grandes sorpresas del año. Con una fórmula basada en un pop volador y sintético logra que cualquiera se ponga a mover los pies gracias a sus grandes bases en canciones como “Genesis” o “Oblivion”. Su directo se plantea como una incógnita, y la delicadeza de su propuesta no parece dar muchas esperanzas de que su concierto sea el más adecuado para un festival.
Iceage
Llegados desde Dinamarca, New Brigade encumbró el año pasado a este cuarteto como uno de los nuevos grupos punkies a los que seguir. Sin quedarse encasillado en ningún estilo en particular y gracias a temas que en su mayoría no llegaban a los dos minutos de duración consiguieron hacerse un buen nombre gracias a su variedad. Hardcore, noise, post, art y no wave son algunos de los subgéneros que practican. ¿Pegas? Su álbum resultaba un tanto irregular.
Japandroids
Los canadienses vuelven a visitar el Primavera Sound, tras su paso por la edición 2010, para llenar de ruido y guitarrazos el escenario. Su música bebe del garage y el noise, y sus directos refrendan a la perfección lo que ofrecen en sus discos de estudio. Presentarán su nuevo trabajo, Celebration Rock, que se publica el próximo 5 de junio.
John Talabot
Sin duda una de las sensaciones y esperanzas de la electrónica patria. El catalán Oriol Riverola, más conocido como John Talabot, ha encontrado en su album “ƒIN” una vía perfecta para traspasar fronteras, siendo alabado tanto por la crítica nacional como por la internacional, que se ha rendido a sus pies (8,5 en Pitchfork). En el festival podremos disfrutar de su live, un show que no dejará indiferente a nadie. Una de las grandes bazas de la electrónica del cartel, a medio camino entre el house y el techno, y uno de los artistas nacionales que más conviene seguir en la actualidad.
Kleenex Girl Wonder
Graham Smith es uno de esos músicos que lo intentan pero que nunca dan con la tecla adecuada. Pese a las más de dos décadas que lleva intentando encandilar al público con su propuesta de indie rock lo-fi que podría asemejarse vagamente a grupos como Pavement o Guided by Voices, nunca ha terminado de llamar la atención fuera de Ponyoak, un buen disco que lanzó a finales de los noventa.
Lee Ranaldo
Después de que Sonic Youth se tomen un tiempo por el momento indefinido tras el divorcio de Kim Gordon y Thurston Moore, Ranaldo ha aprovechado para olvidarse de la apuesta dronera y noise que realizaba en sus obras anteriores y ha apostado por la publicación de un trabajo que podría haber sido firmado sin problemas por la banda que le dio la fama pero que, sin embargo, ha dividido a los fans. Este anticipado Between The Times and The Tides parece imponerse como el primer paso serio hacia una carrera en solitario que empieza a forjarse con temas tan interesantes como “Off The Wall”, “Hammer Blows” o “Stranded”.
Linda Martini
Proyecto llegado desde Portugal que en su segundo compacto, Casa Ocupada, evolucionó el sonido post-rockero que lucían en su debut, realizando una apuesta más cercana al post-hardcore y al rock alternativo.
Mazzy Star
Impagable. Esa es la palabra que se me ocurre cuando llegue el momento de ver a Hope Sandoval junto al resto de la banda que formaron Mazzy Star hace dos décadas. Su última obra data de 1996, aunque su segundo disco, So Tonight That I Might See, es tal vez el más recordado. Un disco en el que afloran los sentimientos con pasmosa sencillez y que durante unos años, fueron casi un oasis musical, ahora retomado gracias a los imprescindibles Beach House. Poder escuchar alguna de las maravillas ensoñadoras, neo-psicodélicas o folkies será un auténtico placer para cualquier amante de la música y sin duda es uno de los momentos que un servidor espera que llegue con más ganas.
Mudhoney
Pese a que en la actualidad no se encuentren en un buen momento de forma en lo que a discos se refiere, en los noventa Mudhoney se ganaron por méritos propios ser uno de los grupos más representativos de la escena grunge de Seattle y del garage estadounidense, coetáneos de formaciones míticas como Nirvana o Pearl Jam. Cualquier canción de sus tres primeros discos sería suficiente carta de presentación para interesarse por su propuesta, y a buen seguro será una de las que más fans y curiosos atraerá. La banda presentará su último disco, Head on The Curb, publicado el año pasado, pero que ha pasado bastante desapercibido.
Pegasvs
Sergio Pérez y Lucia Della son dos de los protagonistas de uno de los debuts nacionales más interesantes del año. Procedentes de Thelemáticos y, gracias a una fórmula en la que se mezcla el pop sintético con elementos electrónicos, han conseguido crear una obra rica en texturas bailables.
Peter Wolf Crier
Dúo de folkies llegados desde Minneapolis de los que menos interés despiertan en mi. En ninguna de sus dos obras han llegado a excitarme con una propuesta demasiado manida e intrascendente.
Purity Ring
Únicamente dos singles han hecho falta para convertir a este dúo en uno de los hypes más esperados de 2012. A base de Witch House, aunque no tan experimental como el de Salem o Lake Radio, electrónica y pop sintético consiguieron que ”Belispeak” fuese una de mis canciones favoritas del pasado curso.
Refused
Uno de los nombres que hay que marcar en rojo de este cartel. La mítica banda de hardcore, que llevaba separada desde 1998, ha decidido reunirse este año y ofrecer una serie de conciertos, entre los que se encuentra el que ofrecerán en el Primavera Sound. Tan solo tres discos a sus espaldas, entre los cuales The Shape of Punk to Come, es sin duda el más aclamado tanto por crítica como público. Una auténtica joya que exploraba el sonido hardcore aportando ecos de jazz, electrónica o incluso algo de folk a su propuesta, que cuenta en la formación con uno de los mejores baterías surgidos del género, David Sandström, todo un prodigio del ritmo. Energía, ruido y crudeza desde Suecia y todo un salvavidas en directo, como ya demostraron hace una semana en el festival californiano de Coachella. Apuesta segura.
Rustie
Uno de los niños prodigio de la electrónica británica vuelve a Barcelona tras el gran éxito de su disco “Glass Swords”, que se coló en la mayoría de listas de lo mejor del 2011. Su música mezcla de hip-hop, dubstep, y techno, aunque es mejor no ponerle ninguna etiqueta. Él mismo, en tono de humor, clasifica su música como Bass Fuelled Party Aquacrunk, habrá que hacerle caso.
Sleep
La jornada del jueves debería denominarse como la del reencuentro y aquí vamos con otro. Sleep fueron un trío que consiguieron situar dos de sus discos como dos de los más importantes en la historia del stoner metal y el doom metal (con el permiso de bandas como Kyuss, Boris y Jesu, claro…). Tras su separación Al Cisneros y Chris Hakius siguieron juntos en otro proyecto llamado Om y que mantuvo los grandes resultados nacidos en su primera aventura. Si os gusta la densidad y la letanía, os encantarán.
Spiritualized
Quince años ha necesitado el bueno de J. Spaceman para igualar su coloso Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space. Tras diversas enfermedades y parones creativos, por fin una de las piezas clave en la música de los 80, junto a Spacemen 3, y en los noventa, junto a Spiritualized, vuelve a rendir al mejor nivel, firmando uno de los que será uno de los mejores LP’s del año, Sweet Heart Sweet Light, en el que consigue sacar el mayor partido posible a las virtudes de su propuesta. Rock con ecos de Gospel y Jazz que invita a vivir grandes momentos alrededor de su música. En esta última gira, Jason Pierce se hace acompañar de un grupo de coristas y orquesta para recrear al mayor detalle posible sus discos, por lo que su directo promete ser inolvidable. Debería estar prohibido perderse su actuación.
Sr. Chinarro
Pese a no encontrarse a su mejor nivel, Antonio Luque, merece ser uno de los tres proyectos más importantes surgidos de nuestras fronteras en mucho tiempo. Pese a que en sus comienzos jugueteara con el slowcore y el rock, ahora Chinarro es un tipo lucido y colorido que se dedica a hacer pop de mimo artesanal.
The Afghan Whigs
Seguimos con los reencuentros. Durante quince años Greg Dulli comandó una banda que igual le daba al grunge como coqueteaba con el soul más arraisgado. Durante ese tiempo publicaron seis discos, de los que cuatro de ellos deberían encontrarse en la estantería de cualquier buen melómano. Quizá el más popular de ellos sea Gentlemen, un clásico injustamente olvidado en los últimos tiempos, con algunas de las mejores letras de los 90, reflexiones sobre las relaciones amorosas en su mayoría que se reflejaban resumidas en su portada, una auténtica obra de arte. Si buscáis algo con clase, elegante y arriesgado, tenéis un valor seguro en The Afghan Whigs y el profundo calado de sus canciones.
The Field
Por distantas variantes del techno y del house se mueve The Field, nombre tras el que se esconde el sueco Axel Willner, uno de los mejores músicos electrónicos surgidos en el último lustro y autor de obras sublimes como From Here We Go Sublime y Looping State of Mind. Si necesitáis bailar de forma hipnótica su propuesta será clave.
The XX
El trío londinense regresa al Primavera Sound tras actuar en su edición del 2010, presentando su disco debut, que fue uno de los claros triunfadores del 2009, con un estilo minimalista a medio camino entre el indie y la electrónica. Tras unos años sin nuevo material, en los que su batería Jamie Smith ha conquistado el mundo de la electrónica bajo el alias de Jamie XX, el grupo vuelve a la carga con un nuevo disco, en principio previsto para mayo de este mismo año, del que apenas se conocen detalles, pero esperamos que la banda ofrezca algunos adelantos del mismo en su actuación.
The Oh Sees
Cada año Thee Oh Sees aparecen con nuevo material. Como muchas bandas de garage nunca fallan a su cita y además siempre lo hacen demostrando una gran regularidad. Pero estos no son unos garagerockeros más, ni mucho menos. El quinteto californiano es capaz de meter de todo en su coctelera. Rock, folk, garage, punk, psicodelia y todo ello bañado en ese aire lo-fi que tan bien les queda.
Unicornibot
Estos gallegos les dan a todos los palos. En sus dos días podemos encontrar desde Math Rock hasta Post-hardcore pasando por psicodelia de elementos progresivos y toneladas de suciedad sobre su sonido.
White Denim
Tres años llevan este trío tejano creando rock noventero y psicodélico, aunque en la actualidad se van acercando hacia un sonido más popero que podría asemejarles a lo que hacen Noah Lennox o Bradford Cox en sus proyectos en solitario.
Wilco
Qué se puede decir de una banda que durante las últimas dos décadas llevan ofreciendo algunas de las obras más intensas del panorama mundial. El grupo liderado por Jeff Tweedy es capaz de sacar su parte más autoctona con un sonido country, hasta acercarse al rock experimental y la psicodelia. Autores de clásicos contemporanes como Summertheeth o Yankee Hotel Foxtrot, la banda presentará en el festival The Whole Love, su octavo álbum de estudio, que contiene canciones tan potentes como “I Might” o “One Sunday Morning”. Una auténtica apisonadora en directo, de los mejores en este sentido del panorama mundial, son una de las bandas fetiche del festival y a buen seguro congregarán a un gran número de fans atentos a lo que puedan ofrecer Tweedy y los suyos.
Wolves in the Throne Room
Llegados desde Washington, WitTR son la competencia estadounidense de grupos de Blackgaze como Alcest o Les Discrets, aunque para un servidor se encuentran bastante por detrás suya. En su música mezclan con atino el Atmospheric Sludge Metal con el Shoegaze creando parajes oscuros y lúgubres en los que se hace complicado poder escapar a su poder evocador.
Playlist
Igual que hiciéramos en la entrada sobre las bandas que conforman la jornada del míercoles del festival, dejamos para el final una recopilación de canciones en spotify con las tres canciones que consideramos más representativas de cada banda.
Pablo Díez Sánchez, Raúl Pérez Ramos, Lorenzo Aznar Vilas
Entre los días 30 de mayo y 3 de junio Primavera Sound celebrará una nueva edición del que por propios méritos se ha convertido en el festival más importante que se celebra en nuestro país y que este año celebrará su decimosegunda edición ampliando aún más su radio de influencia hacia una vertiente más metalera que hasta la fecha aún no había sido cubierta. Desde My Feet in Flames nos dedicaremos a destripar en los próximos cinco días todo su cartel comentando lo que encontraréis en cada jornada del festival catalán. Empezamos con la jornada del miércoles.
Beach Fossils
En 2010 Dustin Payseur se lanzaba al mundo de la música bajo el seudónimo de Beach Fossils. Tras ese nombre publicó su debut homónimo, en el que un sonido lo-fi enmascaraba oleadas de pop y rock refrescante que te llevaban hasta saborear el aroma de alguna playa estadounidense donde encajaría a la perfección su música gracias a piezas como ”Daydream” o ”Youth”, algunas de las más destacadas con las que nos encontrábamos. Tras un año llegaría What A Pleasure, un EP en el que seguían apostando por el pop aunque de raíces muchas más ensoñadoras que en su primer lanzamiento.
Black Lips
Si la década pasada hubo una banda de garage rock sucia (de guarros que son ellos y de sonido) esos son Black Lips. El cuarteto de Atlanta comenzó sacando trabajos en los que la suciedad, el rock y el punk eran su seña de identidad y en el que consiguieron conquistarnos a base de himnos de dos minutos raspados en clave lo-fi como pueden ser ”Not a Problem”, ”Time of the Scab” o ”Boomerang”. Tras su fichaje por la discográfica Vice en el año 2007, su sonido y la producción de sus discos se hizo menos agresiva y pese a que su sello de identidad siga siendo más o menos el mismo que antaño, con el paso del tiempo se van volviendo algo más psicodélicos y añadiendo a su música tintes más sureños. De esta forma el año pasado presentaron Arabia Mountain, el que para un servidor es su segundo mejor disco tras Let it Bloom.
Chairlift
Pese a que hace cuatro años publicasen Does You Inspire You, Chairlift han conseguido dar el salto definitivo con su segundo larga duración, Something, una aventura que se mueve entre el art pop de aires sintéticos y un sónido que podría recordar a gente como MGMT o M83.
Jeremy Jay
Aunque en los últimos tiempo intentase un acercamiento a estilos como el glam rock o el post-punk, lo que se le da bien a este californiano es el pop. Jay es un experto en crear embelesadoras melodías que llegaron a su momento álgido en 2008 de la mano de A Place Where We Could Go un trabajo que te llevaba a la época en la que The Modern Lovers se encontraban en su mejor momento gracias a piezas como ”Beautiful Rebel” o “Escape to Aspen”. Tras eso poco a poco fue perdiendo fuelle con el paso de los compactos.
Kindness
Británicos de origen pero germanos de residencia, Kindness es el proyecto de Adam Bainbridge, un tipo que apuesta por la nu-disco o el synth pop como su seña de identidad, pero que también tiene algún pequeño acercamiento a ambientes levemente rockeros. Si que queréis conquistar a un chic@ en la primera jornada del festival, su música puede ser maravillosa para ello, ya que funciona a la perfección como banda sonora cuando estas en la cama haciendo cosejas que no entraremos a valorar ahora puesto que no queremos que os excitéis.
No More Lies
¿Amáis los gritos y la suciedad? Herman@s, esta formación catalana es la apuesta perfecta. Pese a que en 2008 se separon, El trío de Sant Feliu de Guixols se reunen ante la llegada del PS. La formación era uno de los pilares del sello Bcore, uno de los clásicos del territorio estatal y en el que el post-hardcore y el noise rock son algunos de los estilos por los que apuestan. Como curiosidad os diremos que la banda la comanda Santi García, músico que junto a Ramón Rodríguez formase Ghouls ‘n’ Ghosts.
Saint Etienne
Siete años han pasado desde que la agrupación británica publicase la que hasta la fecha es su última obra, Tales From Turnpike House, y justo una semana antes del comienzo del festival publicarán Words and Music by Saint Etienne, su esperada nueva entrega. Durante su carrera esta banda le dió a diferentes palos, pero sin duda el sonido que más les identificaría sería el pop y el dance, aunque ocasionalmente también les vaya eso de la ensoñación. Quizás lo que más destaque de esta banda sea su regularidad. Durante las dos décadas que llevan juntos siempre han lanzado material muy solido aunque nunca han llegado a sobresalir demasiado.
Santiago Latorre
Capas de piano, saxofón, acordeón, sintetizadores… Santiago Latorre crea con su música parajes envolventes y soñadores que podrían servir a la perfección para poner música a una banda sonora, ya que su propuesta se mueve entre lo ambiental y el post-rock de aires minimalistas.
The Wedding Present
Formados en Leeds a mediados de los 80, The Wedding Present es una de esas formaciones veteranas que no consigue nunca defraudar a sus seguidores aunque últimamente no saque nada realmente reseñable, como es el caso de su último compacto, Valentina. Precisamente por eso, la banda capitaneada por David Gedge estará interpretando únicamente Seamonsters, el que es el mejor de sus trabajos junto a su debut George Best. ¿Qué podremos encontrar en su show? indie rock clásico noventero, algo de pop, noise, post-punk ochentero y principalmente, la experiencia de una banda con más de 25 años actuando.
Void ov Voices
Attila Csihar es principalmente conocido por ser el vocalista de Mayhem, formación blackmetalera de la que es lider tras el asesinato en 1993 de Øystein Aarseth (Euronymous) a manos de Varg Vikernes (Burzum) y de la que hablaremos cuando toque. En ese proyecto el húngaro apuesta por el dark ambient y el drone, aunque aún no ha lanzado material bajó este nombre.
Playlist
Para que podáis echar un vistazo a las bandas que conforman el cartel del miércoles hemos preparado la siguiente lista de canciones mediante Spotify, con tres canciones por grupo, a excepción de Void ov Voices.
Berry Gordy Jr. tenía 600 dólares cuando decidió invertir en el que sería uno de los sellos más trascendentes de la historia de la música. Con nada más y nada menos que 110 hits en su primera década, el sello Motown -Motor+Town, apodo de la ciudad de Detroit- comenzó llamándose Tumla. La aventura comenzaba en 1959 y la década de los 60 estaría marcada por la lucha por los derechos civiles, pero 13 años después se llamaba Motown Industries y ya era un gigante que incluía proyectos musicales, cinematográficos, televisivos y editoriales. El papel que jugó Motown en un sentido político-artístico fue crucial y se encargó de difundir una cultura que ganaba espacio.
Motown se mostraba como una familia de soul y R&B, una comunidad afroamericana unida que proponía más y más hits. Supuso un balance perfecto entre el empuje de lo artístico y el poder de comunicación de sus éxitos. Stevie Wonder ingresó en el sello en 1961, con tan solo 11 añitos, y Gordy Jr. confirmaba sus altas expectativas con el niño prodigio con Innervissions y Songs in the Key of Life. Por otro lado, Marvin Gaye llegaba fuerte con su What’s Going On en 1971, todo un triunfo comercial para un álbum introspectivo, comprometido y político; y The Temptations grababan su My Girl, todo un himno.
El cambio de sede -la histórica de Detroit se cerró- fue aprovechado, entre otros muchos, por los Jackson Five. Nutriéndose de las composiciones de The Corporation, el quinteto se transformó en el mejor grupo vocal del sello. A pesar de haber saboreado el éxito, los Five no estaban contentos con la limitada libertad musical y acabaron firmando con Epic Records (que reclutó a sus filas a The Yardbirds, Jeff Beck o Cyndi Lauper) en 1975. Mientras tanto, The Commodores triunfaban con su debut, Machine Gun, y nos presentaban a una carismática que haría las delicias de los melómanos en los 80: Lionel Richie.
Las máquinas de crear himnos siguieron en los años 80. En 1983 se celebraron los 25 años de Motown en la industria del entretenimiento, aprovechando el tirón de los Moonwalk y Billie Jean de Michael Jackson y el Let’s Get It On de Marvin Gaye. El disco Can’t Slow Down de Lionel Richie fue la placa más vendida de la historia del sello.
Se organizaban reuniones creativas o quality control meetings formadas por los productores (Smokey Robinson o Norman Whitfield) y jefes de departamento (los artistas nunca estaban invitados) en los que se evaluaban las canciones que se habían grabado durante la semana, se decidía qué singles se editarían y qué temas había que mejorar. Después de la época dorada, el segundo lustro de los años 80 le trajo preocupaciones al fundador de Motown: los problemas de los artistas y las deudas se comieron al sello y la única opción fue vender la compañía a MCA y Boston Ventures por 61 millones.
El legado de Motown está lejos de marchitarse. MCA le cedió los derechos a Universal, que hizo una brutal campaña promocional para celebrar los 50 años de Hitsville. DVDs con las actuaciones de Marvin Gaye, The Supremes, Martha and the Vandellas o The Temptations; un triple disco con los mejores éxitos; un box set de lujo que incluía 10 discos con todos los #1 de la historia del sello…
Actualmente, muchos artistas de los 60-70 trabajan fielmente para el sello junto a una nueva escuela (como es lógico) formada por Lil’ Wayne, Drake, Phil Collins o Kaiser Chiefs.
Motown Records es un claro ejemplo del impacto de la música en un momento histórico. La cuna de la música negra viajó por todo el mundo y convirtió su estilo en una enorme influencia para los músicos modernos. El sonido Motown es un sonido propio: alma en cada nota, marcada por la poca independencia compositiva, pero, al fin y al cabo, era una fábrica de éxitos.
[Atlantic Records, Blue Note, Chess y Stax se merecen un post para cada una.]
Aunque no hay nada más alejado de nuestra intención que aleccionar a nuestros lectores sobre algo que en esta web respetamos y amamos tanto como la música, lo cierto es que en el basto imaginario que configura la historia de este bellísimo fenómeno es imposible no pasar por alto la aportación de ciertas figuras, por lo que siempre es de agradecer que alguien las destaque por nosotros. De entre ese enorme amasijo de joyas olvidadas por el gran público, hoy fijaremos nuestra mirada en Eddie Cochran y su influencia en el rock and roll de finales de los 50.
Nacido y criado en Minnesota, más concretamente en Albert Lea, Eddie comenzó su andadura musical de la mano de un amigo con el que compartía apellido, Hank Cochran, con el que grabaría bajo el pseudónimo de “The Cochran Brothers” numerosos temas de aire country pero con un deje de fogosidad rockabilly que marcaba la senda por la que irremediablemente continuaría su sonido.
En 1956, ya como solista y después de que su primer sencillo “Skinny Jim” resultase poco menos que un fracaso, el director Boris Petroff le planteó la posibilidad de aparecer en la película “The girl can’t help it”, una oportunidad que le permitió poder seguir viviendo del espectáculo a pesar de que el éxito le fuese algo esquivo.
Para esta película escribió la canción “Twenty Flight Rock“, y aunque esta no cobró en su momento todo el reconocimiento que debía, quizá a muchos os suene la anécdota según la cual el propio Paul McCartney asegura en “The Beatles Anthology” que solo consiguió formar parte de The Quarrymen, y por consiguiente de The Beatles, cuando impresionó a un joven John Lennontocando el tema de nuestro querido Eddie.
Dos años más tarde, cuando su único triunfo había consistido en de colocar algún que otro tema en las emisoras locales, llegó su gran hit. Cansado de interpretar canciones que otros escribían, Cochran decidió lanzar al mercado su “Summertime Blues”, una canción que, en cierta manera, revolucionaba la imagen establecida del rock and roll del momento. La letra, que planteaba a la perfección la sensación de deseo y frustración de su juventud contemporánea; el sonido de su guitarra, que se tornó de manera consciente metálico y atragantado; y su voz, rasgada pero sentida, se sumaron a su imagen desilañada y recia, pero atractiva, e hicieron que el tema alcanzase altos puestos en las listas del momento, catapultando finalmente a Cochran a la fama.
Pero como a un gran número de grandes genios de la música, a nuestro protagonista le esperaba un final amargo.
Tras el trágico accidente que en 1959 acabó con la vida Ritchie Valens, The Big Bopper y un viejo conocido de esta sección, Buddy Holly, con quien había entablado una fuerte amistad, Cochran cayó en una profunda depresión que sesgó su prometedora carrera artística y le acompaño hasta que solo un año más tarde, el 16 de Abril de 1960, un accidente de coche acabó con su vida.
La importancia de Eddie Cochran en el devenir de la música es enorme y no se limita a su, ya comentado, influjo sobre los miembros de The Beatles. El “Summertime Blues” ha sido versionado por artistas de la talla de The Who, quienes cosecharon un gran éxito con dicha cover; Jimi Hendrix, Alan Jackson, The Beach Boys u Olivia Newton-John, pero la cosa no acaba ahí… The Rolling Stones, Rory Gallagher, Rod Steward, Bruce Springsteen, Tom Petty o Sid Vicious son solo algunos de los innumerables artistas que han reconocido la importancia del músico y versionado algunas de sus geniales canciones.
Como no podría ser de otra manera, os dejamos con “Summertime Blues”.
En los últimos años, la web musical Pitchfork ha adquirido gran popularidad dentro del mundo independiente. Ahora que la indiscutible reina hace unos años, New Musical Express, parece haberse quedado estancada en el pasado, contando batallitas sobre lo último de Damon Albarn o Liam Gallagher y dando preferencia a los artistas más consagrados, Pitchfork se ha terminado erigiendo como el medio de referencia de lo independiente. Con un volumen de trabajo extraordinario, esta web acumula decenas de críticas musicales en tan solo una semana, graba a artistas en directo con seis cámaras simultáneas para poder verlos online, tiene su propio festival y en España se ha adueñado de todo un escenario en el Primavera Sound de Barcelona. Artistas noveles como los recientes The Weeknd o Grimes parecen un producto de esta web por la cantidad de cancha que se les da y lo rápido que alcanzan la fama.
Ya hay quien se pregunta hasta dónde alcanza la influencia de Pitchfork y si sus valoraciones sobre lo que es bueno o está de moda se extrapolan a la mayoría de los consumidores de lo independiente. Así que surgen preguntas como: ¿Pitchfork decide qué artistas son válidos y cuáles no lo son? ¿hay cierta falta de personalidad por parte del consumidor independiente actual? ¿los artistas que triunfan gracias al primer empujón de Pitchfork lo habrían hecho sin su ayuda?
Hay dos factores principales que explican el éxito de esta publicación online: sus puntuaciones y el estilo de sus críticas. Pitchfork puntúa del 0,0 al 10,0 cada uno de sus discos, frente a las clásicas puntuaciones de 0 a 5 estrellas. Hoy en día este sistema es más habitual, pero cuando Ryan Schreiber, su fundador y director desde 1995, implantó este tipo de puntuaciones a finales de los 90, se vio como una gran novedad y un sello de identidad. Significaba darle un aire seudocientífico a la crítica musical, que conjugaba con el tipo de reseña “de fan adolescente”, atizando sin misericordia los discos que el redactor consideraba mediocres y poniendo por las nubes los discos que más le gustaban. Como apunta Richard Beck en su imprescindible artículo “5,4“, cuando Pitchfork publicó la reseña de Kid A, de Radiohead, entendió que una de las cosas que puedes hacer con el bagaje cultural es hacer algo extravagante. En el año 2000, Pitchfork otorga un 10,0 a la reseña de ese disco, una crítica que era en esencia una larguísima lista de influencias, a cada cual más rebuscada, adornada por una interminable retahíla de adjetivos hiperbólicos. El éxito es brutal, y muchos fans de la banda se hacen eco de la reseña.
El éxito de este tipo de reseña, reside en la propia esencia del indie rock, un género que tiene su razón de ser en el bagaje cultural del artista, la cantidad de influencias que acumula y ese afán por intentar aportar algo nuevo mirando hacia los clásicos. De ahí podemos explicar su apoyo a las resurrecciones del garage rock con The Strokes o The White Stripes y de la música de baile con LCD Soundsystem o The Rapture.
Pero la verdadera influencia de esta publicación comenzaría a ser consciente de su poder cuando encumbraron en primer lugar a Broken Social Scene justo antes de pasar al cajón del olvido, y un año después al catapultar a otros canadienses, Arcade Fire, hasta el punto de haber recibido por su tercer álbum un Grammy a mejor disco del año y convertirse en la primera banda independiente en conseguir tal reconocimiento. Otros ejemplos de este pasaporte a la fama son Sufjan Stevens, M.I.A., Clap Your Hands Say Yeah! o Animal Collective. En España también hemos tenido ejemplos de este tipo, con El Guincho o Delorean como los más destacados. En este sentido, Richard Beck se despacha bien a gusto:
“Estas bandas producían música sofisticada e inteligente, pero también es cierto que centraban su sofisticación e inteligencia en aquellas áreas en las que el riesgo era mínimo. En lugar de explorar en busca de nuevas formas musicales, cambiaban o mezclaban los sonidos de música más antigua, a sabiendas de que los pedantes escritores de blogs magnificarían estos cambios y los harían parecer osados”
Aunque Pitchfork no siempre ha dado buenas noticias a las bandas indies. En 2004, Travis Morrison, el líder de The Dismemberment Plan, una banda elogiada en su momento por la publicación, lanza un álbum en solitario, Travistan. La crítica a su disco comenzaba con un “a Travis Morrison le han pateado el culo”. puntuándola con un 0,0. La gira de aquel disco fue desastrosa, hasta el punto que Morrison decidió retirarse de la música. Otro ejemplo célebre es el de la crítica en 2006 de Shine On, el segundo álbum de los “no tan indies” Jet, que en lugar de texto únicamente incluía un video de un mono orinándose en la boca.
Según Schrieber, esta mala leche no es otra cosa que la honestidad de un fan de la música. En 2006, Schrieber, a pesar de no tener formación como periodista, declaraba al Washington Post (link): “tienes que ser totalmente honesto en una crítica. Si ésta se sacrifica o se suaviza en algún sentido para no tener que ofender a alguien, entonces lo que hacemos pierde en cierto sentido su valor …eso es lo contrario a lo que la crítica debe ser.”
Esta visión del crítico como fan de la música terminó con la paciencia de Brent Dicrescenzo, uno de sus mejores críticos, que en 2004 se marchaba diciendo: “las puntuaciones no reflejan lo que siento por los discos. Son guías arbitrarias. Se han convertido en una aburrida rutina”. Y con algo de desdén terminaba: “podría continuar escribiendo textos polémicos hasta hacerme viejo”.
Recientemente, la publicación The Onion parodiaba el estilo de crítica de Pitchfork con un artículo titulado “Pitchfork le pone a la música un 6,8“. Entre otras perlas, decían que en una imaginada crítica Ryan Schrieber escribió: “a pesar de que la música puede ser brillante en ocasiones, la mayoría resulta ser un derivado de Pavement”. En una vuelta de tuerca, el mismo artículo inventa una declaración del redactor David Maher, quien puntúa la crítica de Schrieber con un 2,4 argumentando que el análisis de Schrieber no es más que “una exagerada y onanista pose con la intención de hacer sentir a los gafapastas inseguros como si fueran parte de una imaginada élite intelectual”.
Esta obsesion por pertenecer a una élite intelectual también parece haberse trasladado a las propias bandas, que en algunos casos se han obsesionado por su propio bagaje cultural y la consideración del público sobre sus influencias. Según Richard Berk, esta obsesión por saber quien está sobre o infravalorado ha hecho disminuir sus ambiciones hasta casi ninguna. En su tesis final concluye: “necesitamos músicos que sepan que la música puede tomar inspiración no sólo de otra música sino de la propia experiencia vital”.
Si bien resulta innegable la influencia de Pitchfork en ciertos artistas del indie rock, personalmente no tengo tan claro que las críticas de este medio y otros afines a él sean tan influyentes en el consumidor de música independiente español, puesto que éste no tiene tan arraigada la costumbre anglosajona de hacer caso a las críticas y consumir según le dicten, algo que sí ocurre con el consumidor americano. Una costumbre que tiene sus orígenes en el teatro de Broadway, en el que la crítica acostumbraba a catapultar o destruir carreras, tal y como queda reflejado en la película “Eva al desnudo” (‘All About Eve’, 1950). Veremos si en un futuro el público español queda absorbido también por esta corriente.
‘Shame’ (Steve McQueen, 2011) no escasea en escenas poderosas, pero si hay una que guardamos en la mente al salir del cine es la desgarradora interpretación de Carey Mulligan de la normalmente optimista ‘New York, New York’ que, en este caso, se convierte en un llanto descorazonador con un significado totalmente opuesto al de los orígenes del tema. La versión de Carey Mulligan en ‘Shame’ supone la -casi- única rendición a la emoción de un Michael Fassbender brillante y sórdido. El arreglo para piano y la sensibilidad de la actriz al cantar el tema lo convierten en un pequeño diario de todo lo que Brandon y Sissy no han conseguido en la ciudad que nunca duerme.
(Versión acortada para el teaser)
Compuesta por John Kander y letra de Fredd Ebb, ‘New York, New York’ se creó para la película del mismo nombre de Martin Scorsese (1977), interpretada por Liza Minelli, quien la cantó, más tarde, en los Juegos Olímpicos de 1984. Representa toda una oda a la ciudad norteamericana, llena de oportunidades y utopías varias. Convertida en un himno, la versión más archiconocida de la canción es la del gran Frank Sinatra, grabada en 1979 para su Trilogy: Past Present Future (13 años después la grabaría a dúo con Tonny Bennet). Sinatra modificó levemente la letra original de Fredd Ebb y el single fue uno de sus últimos éxitos en los rankings mundiales.
Seguramente el nombre no te diga nada, y sin embargo hoy podría figurar como uno de los grandes cantautores de la historia si su suerte hubiera sido otra, porque el talento siempre lo tuvo. Sus influencias son tantas y de tanto renombre que cuando Bert Jansch falleció el año pasado, no era raro verle honrado con vídeos en los que no hacía otra cosa que versionar a este señor del que hoy os voy a hablar (y no fue el único).
Ahora pensad en Jackson de joven, apenas un chavalín en sus primeros años de instituto, seguramente afable, cuando BOOM, explota la caldera de su escuela, situada cerca de su clase, matando a no pocos de sus compañeros. Vivo a duras penas tuvo que ser hospitalizado durante varios meses, durante los cuales aprendió a tocar la guitarra.
Después, la adolescencia, ya sabéis: chicas, rock’n’roll y alocadas aventuras; nada nuevo. Fundido a negro y saltamos varios años. Hasta que cumple 21 (diez después del accidente), concretamente. El seguro, solemnemente arrepentido por el accidente acontecido decide hacerle el nuevo dueño de 100.000 dólares. Una cifra nada desdeñable ahora, así que ya os podéis imaginar en 1964.
En 1965, tras un año de despilfarro (merecido, recuperando aquel tiempo que pasó ingresado quizá), decidió partir a Inglaterra. Lo que se me ha olvidado deciros antes, es que desde los 17 años el joven Frank ya había tenido varias bandas de folk, aunque decidió matricularse en la universidad por si su carrera como cantante no salía adelante. Por suerte para todos recibió el dinero antes mencionado y llegó a Inglaterra.
Inglaterra. 1965. Swinging London. Conciertos de folk todos los días, en todos los bares. Frank no pudo hacer nada si no triunfar; estamos hablando de un genio, a fin de cuentas. Era inevitable, como quien dice.
Repetiré el año: 1965. Esa fecha significa antes que Nick Drake. Antes que John Martyn. Antes que Sandy Denny (con quien de hecho estuvo saliendo). Y seguramente algunos días antes que Bert Jansch, por qué no decirlo. En 1965 Jackson C. Frank publicó su único y genial disco. Un disco producido por Paul Simon, el compañero de piso de una amiga suya. Un disco que suena a Tim Buckley, a Bob Dylan, a Fred Neil; y que influiría a toda la escena del momento, solo para desaparecer poco después.
Esto fue: el disco fue un gran éxito de ventas en UK, pero los estúpidos americanos no supieron apreciar la obra maestra ante la que se encontraban. Y tras este desastre comercial su discográfica rechazó sus propuestas para el siguiente disco, llevando su vida a disiparse por completo cuando, sumido en una fuerte depresión, regresó a Nueva York, solo para terminar viéndose convertido en un vagabundo con el paso del tiempo.
La historia acaba mejor que esto, pero no mucho mejor.
Desde donde dejamos a Frank (1970) tenemos rumores. Bueno, y más rumores. Pero no es hasta 1993 que un melómano dio con un vinilo antiguo firmado por Jackson para Al Stewart (su compañero de piso durante su temporada en Londres) en una tienda de segunda mano, solo para descubrir que quien había llevado el vinilo a la tienda era el propio Jackson C. Frank, que reducido a la condición antes mencionada de sin techo, no tenía muchas otras formas de buscarse la vida que vender sus propios discos.
Este melómano, llamémosle Jim Abott, se encargó de recuperar los royalties que la obra de Jackson llevaban casi 30 años produciendo, y le buscó un hogar (no dejaba de ser una persona desequilibrada y con graves trastornos psicológicos) en un asilo.
En 1995 grabó una maqueta.
En 1999 murió de una neumonía a la edad de 56 años.
Pero por poco conscientes que seamos, su voz nunca nos ha abandonado, y han sido muchos los que han mantenido su legado vivo a lo largo de los años.
(Algunas de esas voces han sido: Laura Marling, Mark Lanegan, Nick Drake, Simon & Garfunkel, Bert Jansch, y hasta Pájaro Sunrise en el apartado nacional.)